El 20% de las causas penales del TS son abusos sexuales a menores

Los delitos sexuales contra menores han llegado a convertirse en un quinto de los casos que llegan a la Sala Penal del Tribunal Supremo. El aumento de  los casos que se han ido observando en los últimos años es preocupante. Por ello, el Tribunal Supremo se ha visto obligado a aconsejar un aumento de las  medidas preventivas, tal y como se ha realizado “en otros tipos delictivos con buenos resultados”.

El problema no radica en la legislación actual –el TS ha sentenciado condenas en el 90% de los casos- sino en una mayor cantidad de acciones preventivas y más eficaces. Han confirmado el perfil del agresor sexual de menores, que normalmente es cercano al círculo familiar de la víctima (muchas veces dentro de la misma familia).

Existen varios patrones en los casos de abusos a menores que recibe el Tribunal Supremo: el agresor suele ser varón y mayor de edad. No existe un patrón en nivel cultural o un extracto social concreto. Lo que sí suele ser usual es que su víctima, que ronda desde los 11 años de edad, es del entorno familiar. Tanto es así, que el informe reza: “En la mayor parte de las sentencias condenatorias, el agresor está en el círculo más cercano de la víctima (…) En muchas de casos, puede figurar en el álbum familiar o en una foto del salón junto a la víctima”. En los casos registrados, el agresor puede llegar a ser un tío de la víctima, compañero de la madre o cuñado de ésta. Aunque con frecuencia los agresores son amigos de los padres del menor, que acuden al domicilio familiar con regularidad.

El agresor suele utilizar la ausencia de los padres cuando éstos trabajan para realizar sus agresiones. Se aprovecha de la víctima durante años y consigue su silencio con amenazas para que no se eleve la alarma a los padres de la/el menor. No es poco corriente que el abusador controle a la víctima con regalos para compensarla y presionándola con comentarios del estilo “si lo cuentas, no te van a creer” o “si lo cuentas me iré de casa y la familia sufrirá por tu culpa”. Estas amenazas facilitan que los abusos se reiteren a lo largo de los años y que cultiven en la víctima el temor a denunciar. De hecho, la víctima suele denunciar cuando ya es mayor de edad y ha adquirido la fortaleza mental para enfrentarse a ello.

Lo que todas las sentencias tienen en común son las consecuencias psicológicas en el menor que ha sufrido abusos sexuales: bajo rendimiento escolar, autoestima baja, ansiedad, depresión… a veces incluso alteración del desarrollo de la sexualidad o miedo a la figura masculina.

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