La sucesión intestada: cuando no hay testamento

Cualquier padre o madre de familia querrá proteger a sus descendientes si en algún momento ellos faltan. A través del testamento, se puede prevenir dejar a la descendencia desamparada en caso de que los progenitores fallezcan. Cuando el testamento no existe o es nulo, puede provocar disputas dentro de la familia. En esta situación es cuando tiene lugar la denominada sucesión intestada.

Cuando se lleva a cabo una sucesión intestada, la ley será la que determine quiénes son los herederos legales y cuánto heredan. Se realiza a través de un juicio que tiende a ser un proceso largo y costoso a varios niveles (económicamente, pero también emocionalmente). Además, los bienes y dinero a repartir no podrán ser utilizados.

Respecto a los costes económicos, cuando alguien fallece y el testamento no existe, son los herederos los que deben hacer la “Declaración de herederos” lo que multiplicará los gastos y trámites. Estos gastos se hubieran evitado si la persona fallecida hubiera hecho un testamento.

El fallecimiento de un ser querido es una situación delicada en que se recomienda tener atados todos los cabos, especialmente cuando hay descendencia. De esta forma, un momento triste no chocará con la presión de un proceso de sucesión intestada, sorteando así disputas familiares que puedan surgir durante el proceso.

Para evitar estas dificultades a nuestra familia, conviene ser conscientes de la necesidad de tener un testamento preparado en todo momento.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *