Pokémon Go y los pederastas

PokemonPokémon Go, el fenómeno del verano, no para de generar titulares. No sólo ha batido récords de todo tipo: 100 millones de descargas; 10 millones de ingresos para Niantic, la empresa desarrolladora; acciones de Nintendo por la nubes… sino que ya ha levantado polémicas en muchos países.

Una de ellas es la que ha llevado a las autoridades del estado de Nueva York a prohibir que utilicen la app aquellas personas que haya sido condenadas por abusos sexuales y estén en libertad condicional. Una medida que afectará a más de 3.000 ciudadanos.

El objetivo es proteger a los niños que juegan a Pokémon Go y mantener alejados a los pederastas, ya que se han descubierto Pokeparadas (lugares en los que se pueden encontrar recompensas dentro del juego) cerca de casas donde residen agresores sexuales, tal y como señala el informe “La protección de nuestros hijos: Pokémon Go y juegos de realidad aumentada exponen a los niños a agresores sexuales”.

Para elaborar este informe, los investigadores visitaron los hogares de 100 agresores sexuales de nivel 2 y 3 que cometieron serios delitos contra niños o que fueron condenados por posesión de pornografía infantil en Nueva York. En un 47% de las veces encontraron personajes de Pokémon Go directamente frente a sus casas. Algo que por otra parte es, en principio, completamente azaroso, ya que la ubicación de estos “animales” es arbitraria.

La app también colocó Pokeparadas y gimnasios (donde los jugadores pueden entrenar a sus Pokémon) dentro de un radio de unos 100 metros con respecto a la casa de los pedófilos. Además, según este mismo estudio, un objeto relacionado con Pokémon apareció cerca de residencias de agresores sexuales un 73% de las veces.

Afortunadamente, no se ha registrado ningún caso que relacione el juego con un intento de abuso sexual a menores en ningún país, pero este estudio ha puesto de manifiesto un potencial peligro detrás de esta app.

No se trata, ni mucho menos, de criminalizar los videojuegos, como se ha hecho otra veces en casos en los que luego se ha demostrado que el detonante era otro bien distinto, pero nunca está demás que se valoren todas los ángulos posibles para evitar males mayores.

La comparación, por ejemplo, con las redes sociales, que sí se han utilizado y se utilizan de forma habitual por pederastas, es inevitable. Se trata de herramientas que permiten un anonimato casi absoluto, por lo que pueden ser un canal perfecto para los agresores sexuales, que encuentran en ellos una vía de comunicación directa y rápida a muchos menores de edad.

 

 

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