Un estudio concluye que la mayoría de las víctimas de abusos sexuales en la infancia no se convierten en agresores

Existe la extendida creencia de que un agresor sexual fue muy probablemente abusado en su infancia y que, debido a ello, experimenta esta tendencia y realiza este tipo de delitos.

Nada más lejos de la realidad. Una investigación realizada por Ainara Jauregui Sansinenea, abogada, a través de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU) ha marcado como una de las conclusiones principales que la mayoría de los menores que fueron abusados sexualmente, cuando llegan a la edad adulta, no se convierten en agresores sexuales. Se trata de su proyecto fin de grado en Criminología que trata de dilucidar si éste era el destino más probable de las víctimas de abusos en la infancia.

Aunque existen casos en que ciertamente es así y la víctima se convierte en agresora, también salen a relucir otros “factores de riesgo” como pueden ser los malos tratos u otras conductas abusivas.

Según el trabajo, el 38% de los abusos se daban en el interior de la familia y el 35% fuera de ella propiamente, pero en un entorno cercano a la misma (conocidos de la víctima y de la familia).

Con respecto al agresor, el 40% de los casos en que los abusos se daban en el seno familiar, el agresor era el padre biológico mientras que en el 16% se trataba de un tío. El 48% de los casos en que el agresor no pertenecía a la familia, se trataba de un amigo cercano (a la familia o a la víctima).

El 74% de los casos estudiados tenían como víctima a una mujer, que comenzaba a sufrir estas agresiones siendo niña (el 22% de los casos la víctima tiene entre 5 y 9 años). Pero en la mayoría de estos casos en que la víctima es mujer (42%) sufre los abusos cuando tiene una edad entre 10 y 14 años. La mayoría de los casos en que la víctima es varón, también suelen tener esa última franja de edad cuando se dan las agresiones.

Aunque no existen patrones de víctimas y los efectos derivados de ser agredido sexualmente no son generalizables, las secuelas que los abusos dejan son notables dependiendo de la edad en que se sufrió el delito. Por ejemplo: si son menores de 5 años pueden presentarse en forma de ansiedad, pesadillas o conductas sexuales no conformes a su edad. Si el menor tiene entre 6 y 11 años, las secuelas más comunes son depresiones, culpa, baja autoestima, vergüenza o hiperactividad. En la adolescencia, sin embargo, pueden surgir problemas como autolesiones, conductas suicidas o aislamiento.

Dicho estudio ha sido dirigido por Gema Varona, profesora de dicha universidad. Para la investigación se han analizado un total de 51 sentencias (de la Audiencia Provincial de Guipúzcoa y del Juzgado de Menores de Donostia) entre el periodo de tiempo de 2004 a 2014. Generalmente, eran sentencias condenatorias.

La investigación, a su vez, cuenta con múltiples entrevistas a expertos que han trabajado casos tanto de víctimas de abusos sexuales como de agresores.

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